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Sobre Crepuscularia

Es inevitable comenzar con la raíz de las palabras. El hombre está atravesado por ellas: no existe lo que las palabras no pueden describir, no se puede imaginar sin atribuir un significado simbólico. Ellas lo significan todo, y nos gobiernan. La única independencia que tiene el Hombre es seleccionarlas, burdamente, para que lo identifiquen, colocándolas en distintos significados, para luego vomitarlas a los demás como una víbora de expresión, afónica e inútil. Los Otros, vagos interlocutores de la serpiente, comprenden lo que sus propias palabras les permiten... y así el círculo vicioso de significaciones se retroalimenta, eternamente.

Quizás por ese motivo decidí comenzar mi blog y mis andanzas con una breve reseña sobre el nombre. Crepuscularia, como todo, nace de algún recoveco insondable del oscuro inconciente, herida de silencio; pero incomprensible y taciturna como es, da nombre a este espacio. Lo mejor sería agregar alguna definición.

Se dice del estado de ánimo, intermedio entre la conciencia y la inconsciencia, que se produce inmediatamente antes o después del sueño natural, o bien a consecuencia de accidentes patológicos, o de la anestesia general.

El lector, limitado por sus propias significaciones, jamás podrá comprender por completo a la Crepuscularia que a mí me domina; pero tal vez pueda aproximarse a ella. Le entrego mi propia serpiente, collar de palabras tan llenas y vacías. Quizá se arrime a observarla, a espiarla desde detrás de un vidrio esmerilado.

Lo mismo con todas mis palabras. Con todos mis escritos. Poemas, cuentos, novelas, ensayos, descripciones. Detrás de ese panel borroso, los invito a interpretar lo que una Crepuscularia tiene para decir.

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