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domingo, 15 de diciembre de 2013

Encuentro

Tenés los colores de las cuevas en los desiertos. Tu piel da fe a las viejas leyendas de la Creación; aquellas donde los Hombres nacíamos de las ansiosas manos de dioses benévolos que amorosamente moldeaban barro y arcilla. Cuando te veo sé que fue así como llegaste a mis brazos, mediante dedos precavidos y un soplo de vida. Casi puedo visualizar la primera vez que el viento torció tu cabello, o cuando abriste tus ojos ásperos al suave mundo que te rodea. ¿Cuáles habrán sido tus primeros pensamientos, hombre de arena? ¿Qué voces tormentosas habrán poblado tu mente tibia, como los ríos que abundan en verano? Sólo puedo recrearlas, pero estamos los dos separados por aguas infinitas, aunque estés sosteniendo mi mano. 

Yo tengo colores diferentes. Mis dioses fueron distintos, y mis pensamientos fueron otros. Yo comencé con el rugir de mares, enredada entre algas y corales, con mi cuerpo envuelto en aguas eternas. Quizá nací de los peces o de las piedras, de la imaginación de alguna deidad marítima. Demoré largos años en alcanzar las costas y arrastrarme por las blancas arenas del Mundo, dejando un pasado de pulpos y calamares en un recuerdo distante. Mis primeros pensamientos fueron de las luces erráticas en el agua, y no creí en la superficie hasta que llegué hasta ella. Comprenderás que habiendo yo nacido en la profundidad del océano apenas logro imaginar tus sueños de cavernas. Quizá tampoco puedas entender mis sueños turbulentos. Hay lugares donde el mar y el desierto se encuentran; no es el nuestro. Ambos tuvimos que hallar un mundo intermedio, un espacio que no es mar ni desierto. Eso fue lo más difícil: encontrarnos. Lo sigue siendo. 

No tengo miedo, o quizá sólo un poco. Me pasé la vida en vastos laberintos a cielo abierto, buscando, buscando entre todas las cosas del mundo. Conozco algunos caminos que podemos seguir cuando la noche se concentra más y más en el cielo. Los recorrí sola, pero quiero que ahora vengas conmigo, que los aprendas como yo y puedas buscarme cuando la niebla cubre la Tierra y mis pasos se han perdido. Temo que no puedas hallar ninguno de mis refugios, ¿cómo podremos encontrarnos entonces, con tu pasado de arena y el mío de agua? ¿Qué estrellas podrían guiarnos bajo noches tan dispares? Llevame por tus senderos, prometo memorizar todos los pequeños recovecos. Quiero dejar de temer la oscuridad de la noche, la pálida presencia de la luna evoca una angustia avasallante. 

Pasá tu brazo por mi cintura y caminemos, caminemos. El Sol está alto en el cielo y todavía tenemos tiempo. 

4 ideas compartidas:

Adriel Peña dijo...

Si he de ser sincero, no me va el auto disciplinarme. Voy naciendo de los vaivenes de un carrusel de verdes en degradé que simulan alguna esperanza temprana o tardía o qué se yo si moribundo, pero con ganas de volver a vivir. En mi ombligo, voy probando las diademas que trajeron aquellas que se hicieron pasar por reinas y ninguna calza. No vino de mi talla semejante joya. Emite destellos de cristales dejados al azar en un desierto cuyas arenas van tragándose las huellas de pies cansados de la riña diaria. No miento, el viento a favor o en contra ya no es problema cuando se deja uno llevar. Constituye tal vez un riesgo apenas, como las bombas de tiempo con el tic tac de un cronómetro atrasado que pone en duda el momento de estallar. No hay errores cuando se mide ese tiempo exactamente y éste es el de revolver la historia con todas sus letras y como con los rompecabezas, armar los cuentos que encajen en los agujeros del camino. No tiene ciencia la queja por la inconformidad de los resultados. Sonrío de medio lado, incrédulo y una lágrima intenta asomarse sin percibirla, pero logro ahogarla en la propia humedad de la conciencia. Voy y vengo sin más pesar o alegría que la inmediata y eso es bastante y mi andar es más determinante que nunca cuando, por un acto involuntario arranco las hojas de un cuaderno donde mis letras, preñadas de años que las mantenían cautivas, por fin tienen el alumbramiento que soñaban.
Las sirenas solo cantan cuando están solas y tristes y un Poseidón atrevido las doblega tan solo para escucharlas a altas horas de la noche.

Adriel Peña dijo...

Muy bueno tu texto "Encuentro"

Monserrat dijo...

Ah, las Sirenas, siempre nos mintieron con el mito. Ellas no cantan para atormentar a los hombres, los hombres se atormentan con su tristeza.

Monserrat dijo...

Lindo ambigrama, por cierto ☺

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