Relatos, narraciones, cuentos, historias. Nunca supe la diferencia.

miércoles, 19 de junio de 2013

La Morada

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Cuántas noches más
quedarán
hasta que tus pies te guíen
lejos de mi lecho,
y mi piel
se seque
en una cama de incienso.

Será una noche de hojarasca
aquella
en que la puerta se cierre
y no vea más tu mirada.
Entre las sábanas
dormirán mis viejas cartas
hasta que el polvo
las desgaste en la nada.

Cuando ya te hayas ido
yo habré cubierto las ventanas,
ya habré tapiado las puertas,
habré cegado los pozos,
cercado la casa
tapado los huecos
de esa hora nefasta.

Cuando las hormigas recorran
nuestra vieja morada
y las maderas crujan
bajo sus pies diminutos
en el suelo
en el centro de la tierra
crecerán las semillas
de aquellas horas distantes.

Las flores germinadas
arrasarán los pilares
de aquella
que una vez fue tu mirada,
y las ramas
de árboles jóvenes
penetrarán los tabiques,
los tiesos tabiques
donde abandoné mis palabras.

domingo, 9 de junio de 2013

Barrilete

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Cuántas voces había oído esa mañana. Todas ellas pertenecían a los mismos tratados inútiles de viejos anticuados que obligaban a la mente a reajustar todas sus expectativas. Es lo que ocurre en este tipo de reuniones: el cerezo arde para ahumar la carne, las especias aromatizan la ropa de los invitados, y el vino pasa de mano en mano, volcándose sobre los trajes y manteles. Siempre pasa lo mismo. Los comensales se reúnen en torno de las mesas, celebrando, y parten el pan en mil migajas para compartir. Y mientras todos comían, bebían, hablaban y cantaban, él miraba el cielo.

El humo blanco se elevaba por todo el aire. Sonaron los brindis, tintinearon las copas, y todos se deleitaron. Él no. Él miraba el cielo, las nubes, los pájaros, y soñaba cómo su alma ascendía con el humo blanco. Repentinamente, ese alma se extendía y dilataba, volaba más alto que cualquier ave y pintarrajeaba las nubes con colores del iris. Sin el peso de los pesares y pesadumbres era una pluma, la levedad pura desplazándose entre corrientes. El cuerpo no quedaba solo. Una sensación de liberación, acompañada por el aroma de las brasas, impulsó a su cuerpo a levantarse y caminar. 

El césped húmedo lo inundaba del perfume de la poda, y el crujido de las ramas lo mecía en un sopor confortable. Su alma se remontaba ahí arriba como un barrilete, tostada por el sol. Mientras su cuerpo se vertía en el paseo, en la sombra de los álamos, en el viento fresco sobre su piel, sus pensamientos desenterraban las memorias perdidas, ahora recobradas, y un calor emanaba de su pecho. ¿Qué habrá sido de todos esos años, compactos y etiquetados? ¿De dónde renacería toda esa vida que sólo se recuperaba mediante la fantasía?

Será, entonces, que los recuerdos se amontonan en largas madejas, continuamente tejiendo y destejiéndose, construyendo largos bordados que de un momento a otro vuelven a enrollarse y a tejerse en mil patrones diferentes. Es la escencia del recuerdo, pensaba, y su alma daba piruetas en el aire. 

¿Y qué pasaría si, después de todo, él pudiera hacer con su presente lo mismo que con su recuerdo? ¿Qué ocurriría si la fantasía comenzara a tejer la realidad, y los álamos se multiplicaran en bosques tibios, las nubes se hicieran arcas enormes de amplias alas, si los pájaros navegaran hacia el poniente? Inhaló una bocanada de aire, y sientió el aroma a naranja y ciruelas brotando de su recuerdo, de sus joven edad y las manos de su padre quitándole la cáscara a los frutos. Renació la tibieza en las palmas de sus manos al recordar el pan caliente que su madre le daba las mañanas frías de los sábados, con la nieve creciendo y creciendo en el jardín. 

De repente, el presente fue la exacta continuación del pasado en el discurrir de su vida. Todas las frutas y los panes, la nieve y el sol, los inviernos y veranos lo llevaron durante todos estos años hasta ese mismo instante, con su alma girando sobre su cabeza. La madeja de la fantasía se tejió con la madeja de la realidad presente, y él era consecuencia de ambas. Quizá no esté nunca ni de un lado ni del otro, pensó, y quizá esté condenado a ser pasado, presente y futuro a cada instante. 

Su nombre retumbó en el aire. A lo lejos, entre el humo y el vino, lo llamaron, lo reclamaron, le recordaron que él no es sólo historia y deseo. Con los pies más certeros, regresó a la mesa mientras el alma se le enroscaba al cuerpo de nuevo.


 
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