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lunes, 25 de febrero de 2013

La Empanada

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Hoy recuerdo nuestro pasado. En esa época, vivías de tus palabras. Yo las observaba pasearse sobre mi piel, sentarse en mis labios, y hasta caminar lentamente por la curva de mi pié. Sí, así vivías de ellas, y hacías de tus palabras una tela larga, muy larga, y nosotros nos envolvíamos en ella. Así, tapaditos, deslizaba mis dedos entre las hebras de tu pelo y dibujaba profundos mares en tu espalda. Vos pintabas hierbas en mi perfil izquierdo.

Éramos una gran empanada de palabras, de caricias y de pinceladas invisibles. Reíamos hasta quedarnos sin aire para respirar y, cuando finalmente inhalábamos de nuevo, nos quedábamos panza arriba desapareciendo nubes en el cielo. Yo las llevaba a mi estómago, y vos las borrabas con tus ojos inquietos. En nuestra empanada dormíamos bajo techos inciertos, recorríamos ciudades coloridas. Desde dentro nos maravillábamos del sol, de la música y de los cuentos. Te relaté viejas historias, y vos me hablaste de vidas no vividas y pasados no ocurridos.

Con el tiempo nos volvimos doctos en el arte de ver hacia fuera sin abrir el repulgue. De nuestra empanada sacábamos libros de desconcierto, y atravesaban su masa luces cálidas que nos recuperaban el aliento. Lentamente, casi como trabaja la naturaleza, las hierbas que pintaste en mi perfil izquierdo se convirtieron en árboles altos, los océanos se tatuaron en tu espalda, y las palabras nos hicieron collares inmensos. Cómo nos reíamos al tropezarnos con ellos.

Eventualmente, la empanada se fue deshaciendo. Las migajas se esparcían en nuestro sendero, dejaban un camino para que las aves nos sigan y canten nuestro encuentro. Vimos los últimos pedacitos de palabras desmigajarse, y seguimos caminando de la mano mirando hacia el cielo. Con mis besos hiciste un traje largo que te cubre entero, y yo con tus manos fabriqué un vestido que acaricia mi piel todo el tiempo. 

Ahora, cuando recuerdo nuestro nido de hornero, sonrío. Te miro las pestañas, y con el dorso de los dedos recorro tus cejas. Vestidos de nosotros, caminamos por el mundo viéndolo de nuevo. Sin masas de palabras que lo oculten, recuerdo que te elijo de nuevo. 
 
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