Relatos, narraciones, cuentos, historias. Nunca supe la diferencia.

martes, 22 de enero de 2013

Phi

0 ideas compartidas
Veo el epicentro. Ahí todo está quieto, y de mi mismísimo centro, de mi corazón terco, emanan las olas que arremeten furiosas contra su alrededor, fisurando la tierra de Aulë. El centro es calma, es silencio, es una nube que se desliza con infinita paciencia sobre el horizonte, es un anciano mirando en lontananza. El epicentro y yo somos dos caras de la misma moneda, pero al menos tenemos rostros diferentes.

El temblor acaricia el mar y la tierra. Veo el rostro de alguien a quien conocí cerca del horizonte, leyendo libros, gastando velas. El temblor no es para todos, me digo, y alzo mis ojos al cielo. Las cosquillas del terremoto trepan por mis piernas, se sostienen de mi espalda, y mi columna se sacude y retuerce. No queda mucho tiempo. Pronto, me digo, pronto todo va a terminar, y seré una columna de humo elevándose hacia las estrellas. Varda me sonríe desde la lejanía, y yo apoyo mis manos en el suelo.

La tierra se calma. No ardas, me dice, pero sé que no es posible. Años de conocerme, respondo, el fuego es mi vestido. No temas por mí, mis cenizas son mi alma al viento, son mis palabras pintando de violeta las colinas, acariciando las dulces creaciones de Yavanna, grabándose en los párpados cerrados de los durmientes. Lentamente me convierto en un suspiro que se desliza en sus oídos y transita sus sueños silenciosos como una brisa. 

He aplacado el temblor, me digo. Ya no soy un epicentro, ni el epicentro es yo. Las piedras crujen bajo los dedos de mis pies; mis huesos crujen sobre el frío de las piedras. Mi cabello y sus antiguas briznas son llamas, largas trenzas enrojecidas de poesía, que desprenden el humo que se eleva al cielo. Huele a sahumerio, a carne quemada, huele a cuento. El pelo crece, crece, crece; fluye a borbotones como el champagne de una botella. Todo él está encendido fuego. Soy una pira vagando hacia algún reino desconocido, retumbando en las salas de Aulë. 

En algún momento mi piel será madera, y mis pestañas serán hojas secas, y yo seré en árbol ardiendo. No temo ese momento, temo más vivir en la tundra. Prefiero ser aquel humo ascendiendo espiralado, arremolinado por las mismas manos con que Manwë peina el trigo y el centeno; me veo allí, indistinguible de todas las cosas, una con el reino de Ilúvatar. Ya no soy un terremoto. Ahora soy un incendio. 

Camino en llamas hasta olvidar el sonido del silencio. A mi paso los seres arden, queman. Algunos mueren. Paso a paso llego, muy lentamente, a los confines, y el mar arrecia mi bienvenida. Las olas alborotadas responden a mi antiguo temblor, se elevan como torres movedizas, y revientan contra mis pies ardidos. Ulmo gruñe en su interior, y yo oigo sus palabras, me dejo llevar por su Música, hasta que todo mi cuerpo navega sobre las corrientes infinitas. Cuiviénen es sólo un recuerdo, y la voz de Melian una invención de mi memoria. En el centro mismo del océano me detengo. 

Todo ha sido un hermoso recuerdo. Ante estas palabras, olvido mi deseo de ser humo, de ser ceniza, de ser tierra. Recuerdo el peso de mis manos, me hundo en el agua. No necesito respirar, sólo abrir los ojos y mirar, observar, ser el agua que me aprieta la piel y me cubre el pecho. Fui el fuego, ahora soy el agua, y rodeada de mí desciendo y desciendo. Los brazos de Ulmo mecen mi encuentro, sus cantos lentamente solapan la luz hasta que ella también es sólo un recuerdo. Finalmente, tras años y años de caer entre agua, mi espalda toca fondo. Las rocas son blandas y suaves, la oscuridad es absoluta. En este recoveco sólo somos yo, y la música del silencio. 

Eru, en este rincón de nada, de nadie, oigo el canto de los Ainur con más claridad que en el mundo entero. Con los ojos abiertos vislumbro Arda, puedo ser cualquiera de sus seres, siento cómo los Valar aún moldean su cuerpo entero. Y también siento el vacío, puedo comprender qué llevó a Melkor a enfrentar al abismo. ¿Acaso no era él necesario, fundamental, para concebir la belleza? ¿Acaso no fue él quien la inventó en el primer momento en que sus cuerdas vocales tronaron, contrastando con el tañir de las otras voces? 

Suave, imperceptiblemente, caigo en un sueño lento. Embelesadas de luces, mis palabras desfilan frente a mí, afloran significados que no creí entender nuca. Seguiré durmiendo, me digo, y cuando despierte, Eä misma será sólo un recuerdo. Me elevaré desde las profundidades, y mi primer respiro será un adiós a toda memoria, y un dulce encuentro con un mundo nuevo.
 
Copyright ©  .
Blogger Theme by BloggerThemes | Theme designed by Jakothan Sponsored by Internet Entrepreneur