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jueves, 11 de agosto de 2011

Estallido

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Llegás a tu departamento y caminás automáticamente a tu habitación, donde arrojás tus bártulos sobre la cama deshecha. Te ponés las pantuflas de garras sin pensarlo, y te dirigís a la cocina para tomar Coca como un autómata. Enjuagás el vaso, y tus pasos independientemente te redirigen a la pieza nuevamente, donde te sacás los aritos, los anillos, las pulseras; y no pensaste en nada, nada cruzó tu mente. Bajás la mochila de la cama sin darte cuenta para acostarte de modo automático; pero, repentinamente, todo cambia. Se te encienden los ojos y mirás a tu alrededor. Las paredes blancas son opresivas, las cómodas y placares te pierden, el violeta del acolchado te marea. "¿Dónde estoy?". La pregunta retumba como pisadas inesperadas, y toda tu cabeza da vueltas.

Te acostás sobre las sábanas revueltas y, con tu mano fría, acariciás la textura de la almohada... No, no es tu mano. Tu verdadera mano está en algún lado perdida dentro, y esa piel que toca es como un guante de uno mismo, el tacto está tercerizado por un órgano que te transmite los estímulos lejanamente. Sos vagamente conciente de la tela, y, a medida que la sentís desplazarse bajo tus dedos, advertís que no sos vos quien la siente; del mismo modo en que tus globos oculares y tu cerebro reconocen la habitación circundante y se relajan, pero tus ojos y tu persona se alarman, se incomodan, se debaten contra las paredes y los muebles. "Estoy atrapada". Tu cerebro no reconoce esos pensamientos como propios, pero tu mente sí. Tu cuerpo no reacciona, tu interior se revuelve en preguntas. "Estoy viviendo la vida de una extraña". Si tu cerebro fuera más independiente se reiría a pierna suelta de tus ocurrencias, y, si tus manos tuvieran vida propia, te acariciarían la cabeza de modo condescendiente. Tu mente persiste. "Su casa me invade, su rutina me domina, sus costumbres me limitan". A un costado, reconocés tu imagen en el espejo. Sí, sos vos; pero tu expresión no es la correcta, esas ojeras que cuelgan simpáticamente en tus mejillas son poco bienvenidas. Los ojos son lo único que cuadra en ese espejo engañoso.

Pero todas las cosas caducan, todo termina, y cada pensamiento es un universo caótico que está a punto de estallar y ser materia para un nuevo mundo. No te desesperás porque sabés que en unos segundos todo va a finalizar, y este cuerpo extraño que amablemente percibe por vos te va a fagocitar de nuevo; las paredes van a ser menos opresivas, los muebles te guiarán durante la noche y el acolchado aportará un calorcito agradable. En eso pensabas cuando, sin tocar la puerta, un sueño que tuviste hace algunas semanas te distrae. De repente estás en tu habitación, la textura de las sábanas te produce somnolencia, sabés exactamente qué cosa está guardada en cada cajón de la cómoda. Te tapás con el acolchado, y un universo nuevo se extiende sobre vos, caótico. No te preocupes. Pronto va a estallar.
 
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