Relatos, narraciones, cuentos, historias. Nunca supe la diferencia.

martes, 25 de agosto de 2009

Pesadillas

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La mañana lo despierta con ojos tristes y un soplido frío. Entre las sábanas es otra persona: una especie de niño muy pequeño, enmarañado en pesadillas siniestras, acurrucado en un ovillo de piernas y brazos casi indescifrable. Hunde su nariz en la almohada con una esperanza casi ciega, sumergido en esa negación defensiva que le ha salvado la vida tantas veces… Es un niño, es sólo un niño.


Pero el despertador lo sacude del ensueño terrible, lo golpetea con chillidos sordos, y él intenta combatir contra la violencia del amanecer del día. Apaga el aparato sin abrir los ojos, tapando su cabeza con el acolchado tibio. Los pensamientos, perdidos en la niebla de la conciencia recién despierta, comienzan a hacerse vívidos, punzantes, dolorosos. Y él desea regresar a las pesadillas de nuevo.


Los segundos se estiran infinitamente, como una ruta de alquitrán en la pampa desierta, rodeados de nada y de silencio. Los pasos del segundero en el despertador son constantes e irritantes, insoportablemente lentos. El mundo lo tironea fuera de la cama; pero él no quiere alzar los párpados a la oscuridad de la mañana. Prefiere regresar a sus pesadillas, allí al menos no hay realidad. Pero el despertador aúlla nuevamente, y los tañidos del segundero se hacen insostenibles. Él sabe que puede evitar abrir los ojos, y aún así también tiene la certeza que nada le salvará de recibir esa corriente fría en el pecho que bajará al estómago cuando se mueva de su lugar. Se acurruca y aprieta contra sí mismo con más fuerza, intentando fusionar sus rodillas con su esternón. Nada sucede. El reloj expulsa su deseo de desaparecer.


No hay armas con que luchar este momento. Él abre los ojos y con resignación se sienta. Luego, con dedos hipersensibles, atraviesa el espacio vacío de cuerpo y lleno de ausencia a su lado, aquel ahora tenso espacio que siempre solía cubrir ella.

lunes, 17 de agosto de 2009

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"[...] De modo que no es que en esos períodos tenebrosos olvidara mi gran objetivo, sino que a la persecución lúcida y científica sucedía una irrupción caótica, a tumbos en que domina eso que las personas desaprensivamente denominan azar y que en rigor es la casualidad ciega. Y en medio del desbarajuste, mareado y atontado, borracho y miserable, sin embargo me encontraba balbuceando de pronto: 'no importa, éste de todos modos es el universo que debo explorar', y me abandonaba a la insensata voluptuosidad del vértigo, esa voluptuosidad que sienten los héroes en los peores y más peligrosos momentos del combate, cuando ya nada puede aconsejarnos la razón y cuando nuestra voluntad se mueve en el turbio dominio de la sangre y los instintos. Hasta que de pronto despertaba de esos largos períodos oscuros, y así como a la lujuria sucedía el ascetismo, mi manía organizativa seguía al caos; manía que me acomete no a pesar de mi tendencia al caos, sino precisamente por eso. Entonces mi cabeza empieza a trabajar en marchas forzadas y con una rapidez y claridad que asombra. Tomo decisiones precisas y limpias, todo es luminoso y resplandeciente como un teorema; nada hago respondiendo a mis instintos, que en ese momento vigilo y domino a la perfección. Pero, cosa extraña, resoluciones o personas que conozco en ese lapso de inteligencia, me conducen de pronto y una vez más a un lapso incontrolable.[...]"
Informe Sobre Ciegos
SOBRE HÉROES Y TUMBAS
Ernesto Sábato


Los objetivos de las personas siempre fluctúan entre esa lucidez tremenda y la más desbaratada entropía. Se nos escurren de las manos, de a momentos, para luego de haber caído treparse por nuestras piernas y arañarnos la espalda, desesperados y ansiosos, en búsqueda de certezas.

Es que no hay persona que no tenga objetivos, metas, deseos iridiscenetes que los manejen y los dominen, llevándolos por los caminos más extraños, como si estuviéramos atados por correas a algo que nosotros mismos imaginamos. Ridículo, ya que nosotros les dimos existencia... ¿Acaso no deberíamos controlarlos nosotros? ¿No deberíamos ser dueños y señores de nuestros deseos?

Quizá empiezo a comprender un poco más el Caos que provocó Dios.
 
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